mayo 28, 2007

Incentivos al Turismo: espina clavada poco retribuyente.

Desde los años 80s la política gubernamental activó el turismo ofreciendo exoneraciones de impuestos aduanales y locales, provocando un auge que –podría decirse- todavía se mantiene con la Ley 158-01. Sin embargo, la aplicación de esta Ley, que se basa en la existencia de un Plan Estratégico para el Turismo y en una jerarquía de Polos, encuentra su mayor dilema en la inexistencia de ambos.

Este dilema se refleja en la distribución de la riqueza por provincia, con más del 85% de las exoneraciones concentradas en La Altagracia. Los demás polos quedan relegados, mientras Bávaro-Punta Cana se satura de proyectos que lentamente provocan daños en manglares, humedales y recursos acuíferos.

Los casos de manejo indecoroso de los beneficios han sido varios (vehículos y bebidas principalmente). Los efectos positivos en los pueblos cercanos parecen no superar la simple fuerza laboral básica (servicio, limpieza y actividades artesanales). Con la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio guardo más dudas sobre el verdadero sentido de dichas exoneraciones.

No obstante, estas se siguen dando sin largos cuestionamientos. Las Oficinas Públicas que participan (Turismo, Finanzas, Medio Ambiente y Cultura) apenas discuten y son favorecidos los grandes grupos (los que cuentan con grandes carteras), embobados y adormecidos entre los números y la ignorancia.
{El factor de importancia continúa residiendo en las cifras}.

A pesar de saber que la principal fuente de inversión en la República Dominicana es el Turismo (≈25%), no estoy de acuerdo con los incentivos económicos al sector turismo. Es una carnada demasiado atractiva pero poco retribuyente en la real mejoría del pueblo y del Estado.
Tulio Mateo

Residencia Aquino-Santana

Bosquejo inicial

Plantas Arquitectónicas


Elevación Frontal


Obra en construcción
(con modificaciones realizadas en obra)


Propietarios: Luis Aquino y Gloria Santana
Ubicación: Calle Las Orquídeas No. 81,
Urb. Mirador del Oeste, Santo Domingo Oeste
Diseño: Tulio Mateo (Ene-Feb 2007)

Estructura: Wellington Massih
Ing. Residente: Luis Badía

mayo 17, 2007

Renovación Tienda Mister Zapato

ESQUEMA

MODELO

EN PROCESO
(modificado)


Michael Miranda
&
Tulio Mateo

mayo 14, 2007

Hacia la vio-lenta violación de Juan Dolio


Litoral renovado con arena virgen, la costa playera más próxima —y popular— a la Provincia de Santo Domingo y el Distrito Nacional —pero gran parte propiedad de la Provincia San Pedro de Macorís— se encuentra enfilada a un nuevo enigma: ¿cuánto durará la vigencia de dicho auge?

Con inversiones que se proyectan triplicadas (o cuadruplicadas) a las del pasado año 2006, este año 2007 abre las puertas a un desarrollo sin límite de altura que cambia completamente el enfoque de la zona: es ahora un apéndice de la ciudad. La diferencia es la cercanía a la arena.

Este boom, permitido oficialmente por la Secretaría de Turismo con el aumento de densidades según la Resolución 01-2007 del 1 Marzo 2007 (en la que, por ejemplo, se aumenta de 125 Hab/Ha a 400 Hab/Ha en Villa del Mar), es un paso adelante en cuanto al entendimiento del desarrollo turístico para zonas específicas. Sin embargo, éstas iniciativas oficiales, que flexibilizan parámetros favoreciendo la no construcción ilegal, encuentran dificultades con las intenciones de los promotores respecto al manejo de aguas residuales. Es el manejo de las aguas residuales lo que garantiza en unos próximos años la rentabilidad de los proyectos —algunos todavía en la cabeza de propietarios y arquitectos—.

Con proyectos grandes como Metro Country Club y Guavaberry Country Club (y los construidos dentro ilegalmente) sin plantas de tratamiento, ya las aguas negras tienen años llegando al mar. La cuadruplicación de la densidad apunta aparentemente a un aumento de la contaminación y a una playa menoscabada.

La Secretaría de Turismo actúa como agente regulador, no aprobando proyectos sin tratamiento adecuado de aguas negras o conexión a una planta de tratamiento (pendiente construcción por ella misma en conjunción con la Asociación de Hoteles). No obstante, es difícil pasar por alto el instinto infractor (o ignorante) que poseen los practicantes de la construcción. El séptico-filtrante, como solución común, sigue siendo la solución común, eliminando apenas el 35% de los agentes contaminantes. Un 65% de
contaminación multiplicado miles de veces y luego llevado al mar verdaderamente asusta. Acerca la idea de un futuro Güibia, imposible de nadar.

Junto con las iniciativas tomadas, la transformación del concepto —creo— es buena. Pero esto no quita responsabilidad, más bien magnifica el deber de los promotores por defender la franja costera y, por el bien de todos, de ellos mismos y sus campos de golf, invertir en tuberías, cáncamos y aparatos que filtren el estercolero que producen, a fin de no nadar luego en ellos.
(Imagen tomada de mahoru.net)

mayo 07, 2007

El adulterio del Síndico llega por aire

La Plaza Omar Torrijos es objetivo de intervención urbana por parte del Ayuntamiento del Distrito Nacional. La intención es construir un helipuerto triple. Esta intervención, planteada unilateralmente, se inserta en un marco político-ambiental que poco se acerca a las tendencias renovadoras de la vida social que promueve enérgicamente el Síndico de turno. A diferencia de Las Canquiñas, éste proyecto apunta a un público de alto nivel, una masita dentro del conglomerado socio-económico del Distrito. Sin restarle importancia a la creación de un helipuerto, las dudas surgen dado el interés presentado por el Ayuntamiento para un proyecto que aporta a pocos, especialmente una masita de alto poder adquisitivo.

La importancia de la Plaza Omar Torrijos no se refiere, quizás, al contenido histórico. Se refiere más bien a su ubicación estratégica: es la desembocadura visual de la Avenida Abraham Lincoln, antes de encontrar el Mar Caribe; uno de los lugares hábiles para el esparcimiento (acondicionado ya con estacionamientos, bancos y sendas peatonales). Así como ir al sur por la Ave. Jiménez Moya desde el Farallón hace que se pierda la mirada en la Bandera Nacional enarbolada en la Feria de la Paz, la Avenida Lincoln lleva a esa moña de cocoteros tradicionales en nuestra costa.

Este espacio, actualmente libre de negocios informales, no necesita mucho para ser acondicionado. Como mencionado antes, tiene ya estacionamientos, bancos y sendas peatonales. Con un adecuado alumbrado es posible lograr el mismo ambiente que en frecuentados espacios similares (ver ejemplos frente a la Cervecería; al oeste del Fuerte San Gil; entre otros). Esto implica el mismo —o menos— cuidado permanente que el transformado triángulo que se le opone al cruzar la George Washington.

Es fácil imaginar que no se contempla dentro del apócrifo “Plan Estratégico” del ADN un helipuerto. Aunque tampoco se sabe qué realmente indica dicho plan —que sigue cobrando en el presupuesto municipal—. Entonces cada vez más pienso que entre basura, palmas sembradas, aceras destruidas y otros inventos, las iniciativas realmente benéficas de esta colorida gestión son pocas. En fin, ciertamente el dinero es para gastarlo, pero éste tipo de proyecto debe quedar en manos del sector privado que le requiera, o de instancias gubernamentales más cercanas a dicha actividad. Pensar así —creo— es una forma sencilla de mantener las manos menos sucias y evitar el adulterio al interés ciudadano de la capital.