noviembre 29, 2008

Enseñanza forzosa

En el mismo viaje, de lunes a miércoles a Rusizi, tuve casi 20 horas de viaje en el carro. La visita a la Escuela Primaria Shangi es una experiencia distinta y agotante cada vez.

En el camino vi muchas personas caminando descalzas. Otra vez el chofer fue responsable de dar respuestas a mi curiosidad. Le pregunté por qué tanta gente no usaba zapatos si tanta otra sí los usaba, a pesar de que no parece haber diferencia de pobreza entre unos y otros.

Eustache me dijo que es su cultura y que algunas personas no ven por qué deben cambiar lo que siempre han hecho. Que incluso algunos piensan que es más cómodo andar descalzo.

Hace dos o tres años atrás el Presidente declaró que quien anduviese descalzo por la calle podría ser apresado por la Policía. Supuestamente en aquel momento algunas personas huían de la Policía cuando estaban descalzos en la calle. Poco a poco la gente se fue acostumbrando, aunque en las zonas más aisladas todavía queda eso… ese poquito de “salvaje”.

Otra nota: hace unos años también fue prohibido tener vacas en Kigali, la ciudad. La gente –también– tuvo problemas para acostumbrarse.
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Shoeless imagination

Indeed, I was the only one wearing shoes within the mass. We were all walking towards the north. They had not realized yet about me, about my shoes. Silently I tried to take them off while walking but the knots were too tight. They didn’t come off. My sweat was turning into cold anxiety drops. When they all find out it’s my end. And the north is still far. I can’t see the horizon yet to that side.

But wait, I have one pill; the sorcerer gave it to me that Sunday morning when I visited him instead of going to church. It is supposed to make me big… thirteen times bigger! Cautiously but fast I swallowed and after some body shocks all my body grows until my nakedness breaks my clothes.

Then, not because of the shoes, but because of my unexpected vulnerability I ran over all of them, smashing some, kicking others… I ran as fast as I could… this time to the south, where the never-ending surreal paradise really exists, where we started the journey.

Influencia francesa en el nombre “República Dominicana” y el duende de la curiosidad imposible

Hablando con un colega rwandés el pasado martes caímos hablando sobre la influencia francesa en los países africanos. Refiriéndose en particular a los nombres de los países me decía que en muchos países fue común que usaran una variante similar a su “République Française”, refiriéndose comúnmente a países africanos como “République Togolaise”, “République Senegalaise”, “République Congolaise”, “République Rwandaise”, etcétera. Sin embargo, que durante los procesos de independencia de estos países ha primado el retorno al valor del nombre original.

En el paso de la conversación me quedé pensando ¿y será que Duarte no encontró forma de entrarle a Santo Domingo? Porque es difícil imaginar una “República de Santo Domingo”; pero si es así entonces la “Republique Dominicaine” es un punto que deja ver la influencia francesa en Duarte –presente por sus famosos viajes– y la independencia, y también el poco repudio que se tendría al francés haitiano en ese tiempo.

Como quiera me queda la curiosidad… ¿No había otra opción para el nombre? ¿Se quiso evitar usar un nombre de origen arawak como el de “Haití”? ¿Fue algo escogido rapidito? ¿Qué tal sería usar “República de Santo Domingo”? ¿Es demasiado religioso para un “estado laico” (con la Biblia en el escudo)?

Gracioso como vienen esas cosas a la mente sin uno estarlo esperando, pero de este lado del Atlántico hay países que casi odian la vena francesa. Y hablando de cosas y cosillas, la curiosidad aparece en forma de un duende.

noviembre 20, 2008

Give Haiti a chance

I found this attention-grabbing image at Mango Bajito

I find it gripping as in some of my last posts concerned visions on Haiti and DR.

noviembre 14, 2008

Reunificación comiendo lasagna


Al parecer en los países francófonos de África muchos conocen trazos de la historia de Haití, especialmente de Papa Doc. Hoy a la hora de almuerzo la conversación se volcó hacia ese país vecino, y de nuevo la cuestión era cómo un país tan pobre puede estar al lado de un país con tan “buena imagen”. En la mesa estaban dos Rwandeses (miembros de instituciones gubernamentales), un europeo y un asiático (ambos parte de Naciones Unidas) y yo.

Luego de refrescarles la historia sobre la colonización, la independencia de ambos países y por qué somos diferentes la presión vino sobre qué hace RD para ayudarlos. Al minuto ya hablaban de reunificación de la isla.

Nunca, yo lucharía contra ellos si ocurriese un intento de ese tipo”. Esa fue mi respuesta inmediata.

El discurso de un rwandés fue hacia los beneficios que puede reportar un cambio de visión política, y sobre el caso propio de Rwanda en su proceso de integración a la “East Africa Community”, a pesar de las diferencias de idioma y de religión. El discurso del otro rwandés fue hacia los desastres que dejaron los franceses en todas sus colonias –incluyendo Rwanda, DR Congo, etc.

En mi mente recordaba todos los himnos que tenemos: el Nacional, el de Duarte, Sánchez y Mella… hasta el himno de las madres… pero a la vez pensaba en cuáles podrían ser realmente los beneficios–tal como ellos los explicaban: apertura de un mercado y fortalecimiento la estructura dentro de la región, engrandecimiento de la cultura, apertura a un nivel diferente de ayuda internacional para ambos países, estabilización de la isla no como dos elementos independientes, entre otros. Cada uno de estos puntos incluye grandes sub-aspectos importantes.

Finalmente, después de una hora de discusión prometí que investigaría más sobre qué beneficios reales podría reportar una reunificación de la isla, aunque tardarían 10 o 15 años [como mínimo] para auto-convencerme de lo que sea que descubra.

La lasagna del Papyrus estaba buena, pero no fue como otros días cuando la sirven en una pailita de horno, con mucho más sabor y más caliente.
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noviembre 13, 2008

Expropiación de tierra: una decisión política

El pasado domingo, antes de que diera la hora de almuerzo, caí en una conversación con mi coinquilina en la que hablábamos de expropiación de tierra.

Su respuesta fue precisa: “Es quitarle al pobre para darle al rico para que siga haciendo riqueza”. Mi respuesta también fue precisa: “Es un proceso normal en el crecimiento de las ciudades”. Ambas respuestas no se oponen en nada. Más bien se suman para dar un resultado injusto.

Luego, mientras trataba de distraerme jugando basketball, no pude dejar de pensar que el entrenamiento académico que recibí como arquitecto no entró jamás en un detalle minucioso sobre los problemas que causa una simple reubicación cuando se plantea una propuesta de mejora urbana –no importa el grupo social que sea afectado (clase media o pobre). Es posible imaginarlo; es diferente verlo cara a cara; pero es diferente verlo cara a cara en otro idioma. Concluí en lo que ya sé: que esa normalidad con que veo la expropiación es el deseo de ser próspero y construir para hacer riqueza; porque así es que fui entrenado en mi primera carrera de arquitecto.

En Kigali las inversiones en el centro están provocando expropiación de tierra. Hay gente que pierde todo y otros que a pedazos aparentan estar contentos con lo que reciben. Árabes, indios o chinos, los que traen el dinero, ellos están felices.

En un país donde casi 9 millones viven sobre 27 kilómetros cuadrados (es la población de RD en la mitad del área), y donde la ciudad capital es el único centro urbano es casi obvio que la gente será desalojada.

El Master Plan de Kigali prevé una distribución inclusiva distribuida en zonas, pero en un contexto tan nuevo y centralizado la responsabilidad política debe definir y defender cómo quiere que sea la ciudad, y cómo –para poder seguir atrayendo– quiere que se vea.

Sea basada en principios económicos o principios sociales, la expropiación al final es eso: una decisión política.


noviembre 05, 2008

The stairs up to architecture and beyond



The alien is there: the Scotland archisculpture wooden stair in front of Venice train station is attracting.

Two weeks after I went up and down and took some pictures my perspective changed and I re-read it not in a simple exploratory-enjoyable experimental piece, but also as a sharp caricature located between three other bridge-stairs: the Ponte degli Scalzi, the stairs up to the train station, the Calatrava Bridge.

The first two are conventional sites to take pictures since they are the first thing a visitor sees when arriving. The Calatrava Bridge became popular long before opening and now it’s considered as the new urban attraction in this old city, generating visits and lots of flashes.

Hence the archisculpture becomes sharp, and its edginess denotes it. It can be read as a picturesque approach on how stair bridges have changed their use in this particular touristic city, beyond original urban and architecture limits.