septiembre 11, 2009

La hija de un planchero

La escuela de Shangi, en la que trabajé el año pasado, está a medio camino. La visita fue corta. Los trabajos casi al mismo punto que hace 3 meses. Los contratistas dados al diablo metiendo ladrillos rotos en sustitución de las bases de piedra que deben llevar los pasillos. Una de las notas para corregir.

Así seguimos...
Hoy es miércoles, comencé a decirle al encargado de obra, ¿dónde están los trabajadores?
Falta billete, me dijo.
Andardiablo, y entonces ¿cuando se va a continuar?, dije.
Cuando el Distrito mande, dijo con cara de negro quemado.

Cerquita estaba el inspector de sitio. Mirando pero en el aire. El tipo lo había conocido flaquito cuando la obra comenzó. Ahora está lleno como una chincha –el dinero de la cooperación funcionó también a ese nivel intermedio que se llama panza.

El único que se movía de lado a lado, como una hormiga, como una abeja, como un chele, era el tipo que cargaba láminas de zinc. Sólo él. Una tras otra. Ni se le veía la cara.

Mi hija está cojiendo pela bajo una lona, dijo el tipo para referirse a que su hija tomaba clases en una aula improvisada en plástico, con un caloraso dentro.
Paciencia, la cooperación va a funcionar.
Hay que marchar con decisión y con calma aquí, pensé.
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septiembre 08, 2009

Un país lleno de flamencos

"La magia de los prejuicios
hace que la energía que llevamos dentro
corra en sentido contrario"

Entre las colinas vi las siluetas rosas moviéndose. Curioso ver tantas, dispersas, tan independientes, sin supervisión... Cuando pasé junto a un grupo que caminaba en medio de la calle no pude determe y les capturé en una imagen. Caminan sin supervisión cercana.

Un uniforme rosado en los 27mil kilómetros cuadrados del Rwanda significa CRIMINAL –sí, con mayúsculas. Los usuarios son culpables de delitos, y en general son los macheteros ejecutores del conocido genocidio –un hecho tan íntimo que hablar de matrimonio mixto puede generar rayos de odio en el interlocutor. Son los asesinos de la patria. Pero, para intentar reivindicarse, realizan labores comunitarias no forzadas (y forzadas también). Su salida del encarcelamiento no depende sólo de ellos, sino del perdón de la comundidad. Cosa que al final no garantiza nada porque los hijos de sus víctimas viven alrededor de ellos, en el día a día –con el rayo de odio detrás de la oreja. Por eso no huyen. Ese temor asusta más que la escopeta del guardia.
Cuando los vi caminando, así tan libres, imaginé la isla sobrevolada –como ya lo es– por miles de flamencos. Miles de políticos que, en lugar de trajes y chacabanas, lucen un uniforme rosado mientras practican el silente patriocidio (pero siempre tan real), usurpando sueños y vidas.

La dicha es que, dada nuestra felicidad (happy planet index), en la isla se convive con esos flamencos sin tener que tomar el bus al Parque Nacional del Este o al Lago Enriquillo. Ambos parques, el paraíso que sueño cuando recuerdo ya mi isla.
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septiembre 04, 2009

Only then

Regresando a KGL de un viaje desde Rusizi, en el lejano suroeste de Rwanda –como si fuera regresando de Independencia a la capital en la isla–, justo antes de entrar a la “jungla” Nyungwe nos detuvimos en un parador de la oficina de turismo. Algo así como un par de casuchas masomenos bien hechas entre una sensual colina cubierta de té y el inicio de los grandes árboles que abren la foresta.

En una de esas cabañas donde están los guardaparques ejecutivos, encontré este poster.

(Silencio: pensamientos en el tren de mi cabeza...)

Mis pies pisan un país pobre, situación que no cambia ni al amanecer ni al atardecer, pero la gente sigue con disciplina el respeto al medio ambiente –al menos por ahora.

En la isla no es así –al menos por ahora. Muchas gracias a los políticos –y a sus políticas degeneradas por la tradición cleptocrática.

Vi esto y pensé en ellos... el caso de la cementera, y en la “inagotable” isla que sueño y de la que cada día me siento sólo un recuerdo.

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