noviembre 30, 2009

La vuelta

Caminar es un buen desahogo mental a la hora del almuerzo. Dos caminatas, la ida y la vuelta, me entretienen bajo un sol que aviva mis sentidos. En el camino que generalmente hago para ir a comer debo pasar las Embajadas de Sudáfrica, Burundi, Egipto, Kenya, Suecia, la futura Embajada de Libia, la Comisión Europea, la FAO y un lujoso hotel que me recuerda al Lina. Veo motoconchos, niños saliendo de la escuela, gente blanca y negra que va a comer, y vendedores de tarjetas de teléfono.

Recientemente ese recorrido de 25 minutos lo hice con una colega y en el camino aparecieron unos niños que se acercaron rápido a pedir dinero. “Give me money”; “cent franc manger” son frases clásicas que los maebobo (niños de la calle) aprenden para pedir en su modo tan inocentemente agresivo.

En el camino de ida no les di atención. Mi colega, al contrario, puso cara de pena y estuvo a punto de endosarles unas monedas. Seguimos caminando, y yo recordé una conversación que tuve algunos largos años atrás con mi amigo J. Fuertes sobre las “plagas” que se acumulaban bíblicas sobre Santo Domingo. Las haitianas con bebés pidiendo, los limpiavidrios, los vendedores de cargador de celular, los enfermos con cartelitos con errores ortográficos...

En el camino de vuelta a la oficina los mismos maebobos aparecieron y desaparecieron como fantastmas en la sombra. Con su deserción una niña acudió al remate. El mismo coro “give me money”, “cent franc manger” en una niña descalza y de ropa harapienta. Aunque a lo lejos, ya veía el panel de la oficina y le pregunté a mi colega sobre lo irónico de que estuviésemos ignorando a una niña pidiendo para comer cuando trabajamos para los niños. Su cara se convirtió en lágrima sin siquiera sudar. “Haz lo que sientas que debes hacer” le dije. Ella se disparó y con un “Dios mío” le dió el equivalente a 90 centavos de dólar.

Cuando la niña tomó el menudo, vio que otro grupo de extranjeros caminaba del otro lado de la calle y corrió. Mientras las ventanas azules de UNICEF se hacían próximas, yo sentí como ella daba vueltas a su caja de música para repetir inocentemente agresiva su letanía. Mi colega respiraba desahogada. Al final, creo que no fue tan tan malo.

-o-

En uno de mis viajes a principio de mi segunda llegada, recuerdo ver una imagen mágica: una niña que, sin saber cómo, domina un pueblo.


noviembre 24, 2009

Featuring <- New experiment in CasiArquitectura

The following days cA starts a mini-interview series with friends and colleagues.
Issues, approach and language will change with the featured guest, but the background is urban experiences and human development with a personal taste.

Hope you enjoy reading it.

Featuring <- Nuevo experimento en CasiArquitectura

En los próximos días cA inicia una serie de mini-entrevistas con amigos invitados.
Los temas, punto de vista y el idioma cambiarán según el invitado, pero el contexto serán experiencias urbanas y/o de desarrollo humano con un toque personal.

Espero que les guste.

noviembre 22, 2009

Al Viejo Tena

Ocasionalmente pienso en mis viejos compañeros de la primaria. Googleo sus nombres para encontrar solamente perfiles de fb a los que no puedo accesar por no estar suscrito.

Me entra la inocente nostalgia ocasionalmente y busco en mi memoria los últimos momentos que compartí con alguno. Son tan pocos que es como esperar encontrarse que Jack Sparrow venga a casa de uno a invitarlo a subir al Black Pearl.

En los últimos días, me viene deseo de armar una fogata. Y ocasionalmente me imagino bailando en ella. Y aunque esas cosas las cuento a cualquiera que me pregunta como me siento, muy pocas veces se siente que alguien le presta atención seria.

Revisando las últimas páginas de una no escrita autobiografía, me encontré con que los imeils que en ocasiones escribo a uno de esos viejos compañeros son los más reveladores de tormentas y guerras de independencia interna –a veces cuando parecen no decir nada.

Viejo Tena, déjate llevar por el ritmo de “Jardinera” y deja que tu vida se pinte verde.
Amén.

noviembre 20, 2009

Los Amos

Recordar a veces es como una sopa caliente cuando hace frío.
Honor breve a esos tiempos.

Rulfo y Bosch llevaban por nombre Juan. A pesar de ser perredeísta a mi abuela no le gusta Bosch. No creo que lo haya leído mucho y si lo hizo fue ya hace unos largos añitos. Tampoco recuerdo preguntarle sobre Rulfo. Tal vez sí, tal vez no. Estoy seguro de que leyó mucho de Agatha Christie porque veía los libros sobre la máquina de coser junto a su cama.

También estoy seguro que mientras crecía en Moca –haya leído o no a los Juan– ella vivió o vió realidades tan secas como las que describen ambos maestros del cuento latinoamericano. E igual que como me pasó antes con un dejavú de otro abuelo, mezclé dos cds en mi cabeza y me salió otro, en el que me sentí envuelto en el tantas veces antologado “Los Amos”. Según recuerdo, en el cuento la diferencia no es de color de piel, es una cruda diferencia de poder. Sin embargo, en mi dejavú el color existe: uno es el jefe mulato y el otro el peón negro.

Bajo las órdenes del Gefe (como le gusta al jefe mulato que le escriban), el negro trabaja casi 18h/7. Aparte de los destellos de jardinero y limpiamarquesinas no hace nada más que hacer presencia. Gana 70 dólares por mes. Tiene la misma edad del Gefe pero el negro agrega a su cuenta una esposa y dos hijos ubicados en el extremo más remoto del país, un Pedernales cualquiera.

[Para que no me digan racista o ignorante o políticamente incorrecto llamaremos al negro por su nombre: Marc.]

Marc generalmente sonríe por las mañanas. Por las tardes y noches también. Sus dientes no fueron a la escuela pero saben brillar de noche. Pero en los últimos días ha quedado mal con sus responsabilidades mínimas.

Para el variar del cuento, aquí el Gefe sabe la condición de Marc y antes de haber definido el corte ya tiene remordimiento. Sabe que si le manda a la chirola probablemente no habrá comida para cuatro. Se pone peor la cosa cuando el Gefe piensa que Navidad se acerca y que ni pica-pica habría en la mesa de Marc (ya es duro imaginarse una latica de pica-pica repartida en 4 bocas).

En la cabeza del Gefe es él el malagradecido. Es como sentirse escrito como homicida por uno mismo sin siquiera matar. Qué se puede hacer, piensa. El mundo es así, se repite como excusa. Pero en realidad no la hay. No la hay. El Gefe camina de noche por una de las colinas. Bajo las estrellas ve miles de figuras que caminan con la carga de un hambre masiza, tan densa como un hoyo negro. ¿Puede un hombre cambiar el mundo?, piensa. Más fácil: ¿puede un hombre cambiar la vida de una persona? El Gefe quisiera preguntarle a su abuela...

Ya! Ya! La solución: un corte transversal que sólo toque el hueso. Magnífico, pensó y dijo e hizo como que hizo, con un Marc de peón 8 días al mes por 15 dólares. Y Marc que acepta. Y el Gefe que piensa que Marc está bien porque aún gana por encima de los dos dólares por día de trabajo con él. Magnífico, pensó. Marc anda con el corte en el cocote. Su camisa cambió a rojo de un día a otro.

En los países como este, historias así son tan comunes como leer en un diario dominicano que en el PRD hay un lío. La cooperación internacional lo permite con sus rotaciones y medidas de seguridad y complejos de esclavistas con ojos cerrados. Es como vivir en las llamas del llano. Pobre Marc. Sólo le quedan 11 días.

No es un misterio de los de Christie. No se si la historia le gustará a mi abuela. Quisiera contársela como aquellos días en que íbamos a comprar café y a cambiar sus novelas en El Conde. Entonces el mundo no parecía tener amos.

noviembre 19, 2009

El caso Shangi


El año pasado cuando llegué al continente salvaje trabajé en el proyecto de la escuela primaria de Shangi, una escuela de 25 aulas afectada por un terremoto. Mi trabajo dio paso a la licitación y vió comenzar la construcción en Noviembre. El contrato establecía que los trabajos durarían 4 meses. En ese tiempo los niños estarían en unas aulas hechas de lonas plásticas.

Esta semana hice la tercera visita al sitio en dos meses y los trabajos están más detenidos que un muerto debajo de la tierra. Los edificios ya comienzan a parecer ruinas en sí mismos. Bueno, tal vez no tanto pero después de tres meses sin hacer una mueca no es igual que durante el hormiguero normal de una obra en construcción.

Vale decir que mi responsabilidad en ese momento era la de ver comenzar los trabajos y después me tocó salir del país. Cuando me regresé mis responsabilidades eran y son otras muy diferentes y Shangi quedó en manos de mi supervisor. El panita, creo yo, es el responsable del maravilloso retraso porque no ha coordinado ni una visita técnica oficial desde quien sabe cuando, en un proyecto de 300,000 usd.

Pero no importa, como estoy en la región llevo dos días haciendo visitas y llamando al Ministerio de Educación, al contratista y al Secretario Ejecutivo del Ayuntamiento para ver cuál es el maldito problema. En el entretiempo sé que mi supervisor (y léanlo en americano porque aquí en la oficina se habla inglés) evaluará un pasado período mío con un desempeño de 70 o 60%, cuando en el más grande proyecto a su cargo lleva 5 meses sin organizar una visita.

En la ruta de este último viaje hice una parada en la escuela de lonas y estaba vacía porque unas semanas atrás empezaron las vacaciones. No entiendo el año escolar todavía pero la imagen deja ver lo bastardo del sitio. ¿Imagínense hacer el cuarto de primaria bajo esas lonas o pasarse un año usando esas latrinas de plástico?

Me da rabia. Cualquiera envía un email a los jefes preguntando abiertamente quién es el responsable. Pero ya sé, después me dicen que somos un equipo.

noviembre 15, 2009

Mucha vaca

Mala Fé no tiene ni idea de lo diferente que el baile de la vaca significa en Rwanda.

Rwanda puede haber subido cuchucientos lugares en la lista de países para hacer negocios, pero el que venga a negociar debe saber alguito de vacas, porque aquí en esta sinuosa tierra conjugada por volcanes las vacas son parte íntima de la cultura.

Millones de rwandeses están lejos de un desarrollo al nivel que uno conoce, pero el orgullo familiar en las zonas más rurales está en tener vacas. La tradición es tal que en los matrimonios hay que incluirlas: cuando dos jóvenes quieren casarse hay que negociar –las vacas son el valor más preciado para ello. La familia de ella esperaría la mayor cantidad de vacas posibles. El matrimonio tradicional se sigue haciendo incluso en la ciudad. Una vaca se da como símbolo de virtud. (Una vez comenté si me aceptarían un kilo de carne de vaca de primera comprada en el mejor supermercado y la respuesta no fue muy agradable).

Lamentablemente las vacas también son usadas en negociaciones de la justicia pueblerina. Mis colegas especialistas de protección social me cuentan que en los pueblos más remotos estas solucionan violaciones de niñ@s, mujeres golpeadas, etc.

En los pueblos es común ver hasta en la calle niñas y niños bailando con movimiento de brazos, muñecas y dedos; un baile que dicen asemeja la forma de los cuernos de la vaca. Igualmente los piropos a las mujeres incluyen comparaciones con las vacas. Los ojos, el color, la piel... todos son objeto de comparación con vacas, y las mujeres sonríen cuando les dicen eso...

Para no quedarse atrás, el gobierno usa las vacas para mejorar condiciones y ganar votos con su programa “Una vaca por hogar”. Mejor dicho no, no es para ganar votos porque aquí hay sólo un partido grande de carácter militar que guarda muuuuuuuuuchos secretos.

Inocencia, o verdad a la primera luz (de 14watts)

En Africa las cosas son reales cuando sale el sol, al amanecer, cuando la inocencia de nuestros ojos todavía tiene la sábana puesta y lo salvaje del entorno es original.

Aquí, la fuerza se engrandece y la pipa de la paz hace que vea un paraíso. Pero es apenas el amanecer. Como todo en la vida, como un niño...

El resto, en la oscuridad, es como para que el gusanillo que llevamos dentro nos cante “John, el Ezquizofrénico” de Calle 13.
-o-
Igual que el otro domingo en el que escribí sin pensar mucho, hoy que escucho un mix de Soda, Draco y Aterciopelados me estoy dejando llevar antes de que la luna haga sus 180 completos. La antorcha debe permanecer encendida.
-o-
Esta semana tengo de nuevo un largo viaje, y la que sigue también. (Qué vaina!)
Y mañana debo planificar los de diciembre.
-o-
Llevo semanas pensando en escribir sobre gender balance, sobre mi experiencia viendo como proyectos se planifican y se desaparecen con un soplido de un presidente, sobre como es dormir bajo un mosquitero en África, sobre la crema Sammy (¡qué risa cuando el pana dice que no ta blanco parejo!)... Hoy me da con preguntarle a Timoteo que haga uno de sus posts sobre las manchas a las que llamamos “paño”...
-o-
Quisiera invitar a un brunch con el Dr. Strangelove y el Dr. Malito y preguntarle que piensan de los albinos y saber si son vegetarianos.
-o-
Y que un día como mañana, en la mañana, lunes, ella respire al lado. Y ver la verdad del mundo grabada en la piel fresca de mañana.

noviembre 01, 2009

Confesión de un alien


En un libro que tuve una vez en mis manos leí sobre Hong Kong y la caída del turismo luego que los británicos le dejaron ser libre. El argumento era el exotismo de ser colonia en Asia, y luego no. Al leer más sobre Hong Kong, ver fotos y escuchar impresiones de gente que la han visitado, Hong Kong es una ciudad extraterrestre. Igualmente es una ciudad global, internacional y capitalista.

Nairobi parece lo más cerca a una ciudad global en esta zona de Africa del Este. Es el centro comercial de la región y además está repleta de inmigrantes. Su horizonte con edificios de altura maximizan la impresión. En su centro la gente camina agitada, rápido, titilante.

Atento al incógnito entorno que caminaba me encontré con un graffiti con cierto parecido a esos que encontré en Bologna. Esta vez un alien con cara de pocos amigos. El alien, a pesar de no tener ningún pelo, me recordó al Dr. Dre del City Market.

Con una imagen lo invité a la casa y le entrevisté en búsqueda de la razón de su malestar. En silencio me dijo que en Nairobi hay muchísimos ricos, muchísimos internacionales, muchísimos de esos que hacen que el mundo sea impar; que su casa está en un slum que el gobierno quiere expropiar para seguir beneficiando a los promotores de capicúas sociales. Me confesó que para sentirse feliz soñaba con viajar a las estrellas. No continuamos (o no quise continuar). Bebimos una cerveza y luego se marchó a pasos pequeños como un pingüino.

Nairobi no es una ciudad mágica pero caminar en sus calles y su tiempo, y mi breve entrevista con el alien, me dieron que pensar y disfrutar. También motivos para escribir. Hechos para entender mejor algunos detalles de este mundo blanquinegro, rojiamarillo... Confieso también, igual que el alien, que soñar un viaje a las estrellas puede ser una buena medicina. No era eso lo que hacía Oscar Wao?

-
Another alien graffiti: