abril 19, 2010

Parques y monstruos políticos

Está bien. Ya, ya... digo que está bien...
Cuando se estudian las ciudades se habla de los espacios de recración, de interacción social, los intersticios entre lo residencial, lo industrial y lo comercial, ese que da balance a la salud del ser. Pero cuando el actual síndico del Distrito Nacional, el comediante Roberto Salcedo, empezó a hacer sus intervenciones de parques canquiña no se advertía que los años siguientes serían tan superfluos como sus pequeñas tragicomedias.



Está bien que la ciudad tenga menos carteles de propaganda política, que no parezca un basurero político en cada fachada. Está bien el renovado parque Juan Barón porque hasta los chimichurris deben tener mejores condiciones para venderse –aunque varios amigos coincidieron el la falta de sombra y vegetación. Están bien incluso las canquiñas! Pero las acciones menores no pueden reducir el interés por acciones mayores, y esas acciones mayores que el ADN propone no pasan de ser unos bonitos archivos descargables de dos páginas. No se realizan. No se ven, ni siquiera se entiende si las acciones menores llevan la supuesta línea de intervención.

Fotos tomadas del flickr de remolacha.net

Las Aguilas

La carretera estaba viva. Seca y viva, con vehículos que circulaban como glóbulos por las venas varicosas de la región suroeste de la República Dominicana. Nosotros éramos uno de esos glóbulos rojos, expectantes y ansiosos por disfrutar de un pueblo, una playa, una buena cerveza refrescante y una buena vista.

Con los inconvenientes que un vehículo a gas puede dar llegamos a Barahona, un pueblo conocido pero que me sorprendía otra vez, tanto por la buena condición de sus carreteras, por el tricolor paisaje verde-arena-mar y por la gente que se reune en el malecón, en los colmadones, en los frentes de las casas, en las calles.

Sin embargo el éxtasis del viaje no se conseguía en el pueblo. El clímax llegaría en Bahía de las Águilas, hacia Pedernales, en el parque nacional Jaragua, un paraíso como otros que se esconden en R. Dominicana.

Para mi ansia de ver una playa espectacular, esta no dejó de afectar positivamente mis sentidos.

Las casas para guardaparques me recordaron un viejo proyecto para isla Saona. Las casas estaban construidas en materiales locales y en condiciones impecables. El bloque de baños públicos también me sorprendió por su arquitectura sencilla y con menos tradicionalismo que las típicas casas coloreadas. Lo pintoresco de los restaurantes y chinchorros quedó enmarcado entre el farallón y el agua azul.

Fue ese farallón el que sirvió de telón para nuestra llegada a la gruesa línea que dibuja la arena blanca en la bahía.

Es una playa sin palmeras. Como si fuera la versión “jabá” de Bayahibe o isla Saona. Una playa salvaje.

El acceso a este paraíso debe mantenerse como está, limitado para un uso limpio, sin daños a la naturaleza. Las malinterpretaciones de la ley deben perecer, como otras veces ha pasado, en sus primeros intentos, e irse a compartir tumba con Balaguer, Bosch y Peña Gómez.

En fin, el viaje fue un reencuentro con el agua de mar, con el viento que deja la sal en la piel y narices, con el calor agobiante, con la dominicanidad, con el propio ser.

abril 12, 2010

El parque transparente

En Santo Domingo no hay parques para borrachos. Tampoco se hacen parques para políticos corruptos. Menos se hacen parques para lavadores de dinero. Ninguno para pederastas. No conozco ningún parque dedicado exclusivamente para los compravendedores de droga. Aun así, todos viven entre nosotros, en nuestras propias casas; son vecinos, amigos, tíos, primos, hermanos y padres.

Leo las noticias en los diarios y no termino de entender por qué el sobrevuelo de la presencia de homosexuales en un parque. Parecería un error de la dirección del medio de comunicación. Incluso un recriminación forzada por una iglesia católica bajo presión social por sus propios actos inmorales. Tal vez al dueño del medio o a la redactora le pusieron eso como penitencia después de una confesión. Pero, después de una semana en nuestro país con sueños de desarrollo, con la mira miope puesta en codearse con las grandes naciones y con una ciudad capital listada como ciudad global gamma, todavía me sorprende el hecho esta publicación.

¿Es que quieren un sitio público sólo para homosexuales? ¿luego los atacarán con lacrimógenas y perdigones? ¿por qué no a los curas acusados de estupro en un parque? ¿por qué no invitar los padres de familia para que les tiren flores?

Nuestro país está lleno de historias: un presidente que dicen es hijo del ex-beisbolista juan marichal; un cardenal que habla mucho y de lo que sea y que acumula rumores de ser papá en varias ocasiones (tal vez del señor presi...); ministros y funcionarios más homosexuales que ricky martin; militares y ex-militares amigos íntimos de narcotraficantes; un vincho que habla y habla y que seguro hizo un cursillo con el cardenal cuando balaguer. Gente que se jacta de haber leído y que ha viajado por el mundo, y que se lo han dado a quienes quisieron en su vida...

Aunque uno no sea homosexual, hay que entender que los que lo son tienen derecho a sentarse en un parque, a ir a un restaurante, y disfrutar de su vida social pública. O acaso parejas heterosexuales no se ven dándose besos que también podrían alterar el equilibrio público. Una dosis de tolerancia y aceptación es necesaria y está al alcance de un brazo, está la mano amiga, una sonrisa fraternal, maternal o paternal, y un abrazo familiar, porque a pesar de que siempre haya quien te quiere serruchar, hay relaciones, hay sentimientos, hay cimientos que se pulen con el tiempo y que nuestra dominicanidad impide su desaparición, porque en el fondo somos seres humanos. Esa mano es la que transmite tolerancia y aceptación.
Ese es el parque donde yo quiero ir con mi esposa e niños.