julio 26, 2010

Nyanza Hospital: appreciative inquiry design in Africa

Following Dr. Ashraf Salama’s last editorial on Appreciative Inquiry and its impact on environment and performance, I wondered about the outcome of this approach if applied in developing countries instead of industrialized ones –all cases cited in Dr. Salama’s editorial occur in the US, where people are more exposed to participatory systems. How different is it in other less participatory or developed parts of the world?

Recently, our office had to advise on the extension and rehabilitation to the Nyanza Hospital in Rwanda. Architects Kristen Smith and Victoria Swan, graduate students interning at UNICEF Rwanda from UIC, were handled the task to facilitate the process. Their work decisively explored Dr. Salama’s three major appreciative inquiry qualities while gathering inputs from hospital and other site visits, interviewing hospital doctors and employees, consulting experts from the Ministry of Health and UNICEF, and reviewing similar cases.

The steps, ultimately, do not represent a big difference. The key deviation, however, may strive on the type of inquiries and systematization of the process. Like in an interview or survey, questions concerning space can also be open or closed-ended, multiple options or draw it yourself. Time deadlines can also become serious setbacks whenever decisions are not reached. It is the role of the architect-facilitator to appraise potential obstacles and develop work-out mechanisms to reach consensus. Appreciative Inquiry is, therefore, an open yet guided (or structured) research.

In Nyanza the preliminary result was an innovative spatial solution that animates the hospital. The plasticity of the proposal raised, with little exceptions, curiosity towards a tailored contemporary design in the Rwandan context. The process is not yet completed but a healthy, welcoming environment is the goal.

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julio 20, 2010

Kwale island y el encuentro buscado

Aparte los sube y bajas culturales en los minúsculos callejones de Stone Town y de las noches viendo la Copa del Mundo en los bares cerca de Forodhani gardens, uno de los objetivos del viaje era ver agua de mar brillante, reluciente, sonora, levantando la sal en cada choque de viento imprevisto. Sin pensarlo me lancé al vacío con un viaje en dhow, un bote tradicional, que me llevaría a la isla menor de Kwale y sus alrededores -lagunas, manglares, arenas...

Kwale está al suroeste de la isla mayor, en la bahía de Menai. La bahía es un área de conservación y allí, en la isla de Kwale, no vive nadie. Tres tiendas hechas de madera sirven de cocina y baño y mezquita, y son el refugio de los que le visitan, y la arena es el campo de recreación para todos. Un baobab de cerca de cien años y otros de otros tantos adornan el interior de la isla.

Los que llevan y traen a los visitantes son de tradición pescadores, pero el desarrollo turístico los ha puesto al servicio de la demanda. Sin embargo, su cara refleja aún la alegría natural que se pierde en el capitalismo habitual del norte del hemisferio norte.

Antes de Kwale, nos detuvimos en un banco de arena cercano, a unos 500 o 600 metros. Uno de los asistentes explicaba que cuando la marea baja se puede caminar de un sitio a otro sin problemas, pero que se debe poner zapatos porque también hay rocas. Estar allí es como encontrarse en una isla perdida, rodeado de un mini universo al que solo se puede ver con gafas submarinas –la cantidad de peces y colores que vi fue increíble y me dejó pensando en el derrame del Golfo y sus efectos de por vida.

Un azul intenso cerró el viaje. Las velas se abrieron sonriendo al aire. El viento era fresco. Son las cicatrices esperadas de una maravilla de este mundo. La naturaleza simplemente no tiene precio.


pd: antes de salir de Zanzibar compré dos cds de Zanzibar Music Academy, academia local para desarrollar la música como educación, empleo y disfrute. Aquí les subo una canción blues de ese cd.

julio 15, 2010

Esclavos y Stone Town

El último mercado de esclavos del mundo en cerrar la trata fue el de Stone Town, donde llegaban hombres, mujeres y niños desde todos los países de Africa del Este, desde tan adentro en el continente como en Burundi y Rwanda. Cuando la trata de esclavos fue detenida en 1873, sobre el lugar de comercio y azote fue construida la Anglican Christ Church Cathedral.

La Catedral, iniciada en 1874, se construyó con la mano de obra de los ya hombres libres, quienes se mostraron agradecidos a la iglesia, y por defecto aprendieron un oficio –el de construir. Esta guía técnica serviría para su sostenimiento posterior en una sociedad abierta y comercial.

A pesar de ser pequeño, el sitio conserva dos salas semi-soterradas (antes cubiertas por chozas de paja) usadas para alojar cincuenta esclavos cada una en las que es posible apreciar e imaginar las terribles condiciones con que eran tenidos. Según dicen los apuntes históricos, los esclavos eran mantenidos allí por tres días sin comer para probar sus capacidades físicas. Muchos morían de sofocación y hambre.

Este pasado es de suma importancia para el archipiélago y para Tanzania ya que debido a las migraciones y posteriores libertades Dar es Salaam y Zanzíbar se convirtieron en los centros comerciales más grandes del país. Para conmemorar las vidas perdidas está el “Memorial para los Esclavos”, en el que unas estatuas encadenadas sobresalen de una semi-tumba, recordando las antiguas salas de contención.

Actualmente Zanzíbar es una mezcla de culturas, de gente inmigrante y esto se nota, como ya había dicho, en todos los rincones, en los olores y colores de la sociedad. Por la calle los niños jugando, corriendo, sonriendo, son la mejor muestra de los progresos y de que la mezcla no cayó tan mal.

julio 14, 2010

Museo viviente de puertas

Nunca antes imaginé que una puerta tuviera tanto significado, pero para los antiguos habitantes de Stone Town, en Zanzibar City, un acceso tallado a la medida de los sentimientos del dueño era un paso al cielo.

Debido a esto y al uso contínuo de las viviendas de Stone Town, este centro histórico es un museo viviente de puertas y un mar de inscripciones del Corán y jardines de flores –dos de los motivos que más aparecen grabados.

Estas puertas, algunas hechas hace cientos de años, son ya patrimonio per se, y su valor histórico-sentimental hace que las distintas renovaciones privadas las preserven. Esto es de por sí una oportunidad para un futuro plan de embellecimiento de Stone Town –es un asentamiento bello por su edad pero las arrugas son muchas y seguirán en aumento.


julio 13, 2010

Descubriendo Zanzibar City: the House of Wonders

Al día siguiente me embarqué hacia la isla de Unguja, la mayor del archipiélago de Zanzíbar. Acercarse al puerto de Zanzibar City por primera vez es cautivador. Los edificios que se levantan en primera línea son elegantes. El agua limpia brilla bajo el sol y las barcas se mecen acompasados.

En sus laberínticos callejones, el centro histórico de Zanzibar City (Stone Town, patrimonio de la humanidad desde el 2000) guarda mucha historia y arquitectura que se mantiene viva por medio de los locales que aún transmiten sus tradiciones en el hacer (aunque cada día menos) y en el decir (transmisión oral). El Beit-al-Ajaib, o House of Wonders, por ejemplo, es uno de esos edificios que se ven desde la bahía destacando con su esbelta torre del reloj. Detrás de este se esconden otros tesoritos de arquitectura, pero más agradable es descubrir en su interior esa mezcla pintoresca de estilos, ese victoriano con detalles arabescos.

Actualmente el Beit-al-Ajaib es un museo de la cultura swahili en el archipiélago. Aparte de la barca tradicional que se expone en el atrio central, las escaleras, los muebles, puertas y hasta la vista panorámica desde sus verandas son los factores que enalzan esta edificación antes usada para eventos sociales.

El fuerte de Stone Town es mejor apreciado desde la última veranda del Beit-al-Ajaib. Esta estructura defensiva fue erigida por los árabes que llegaron desde Omán (1700 circa) con materiales de una capilla y una residencia portuguesas; posteriormente usado como estación militar y prisión. Actualmente es escenario de eventos artísticos y aloja dos o tres decenas de gift shops y, como es habitual, una decena de buscones para todo lo que a uno se le pueda ocurrir.

Casi en complemento estético del Beit-al-Ajaib, los jardines Forodhani se extienden delante, dándole mucha más vida social al frente marino. Las noches de feria de comida son espectacularmente baratas y sabrosas: hacía tal vez dos décadas de cuando por última vez tomé jugo de caña. Dos veces fuí y quedé satisfecho y hasta aprendí a hacer la pizza al modo local.

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julio 11, 2010

En el centro de Dar es Salaam

Una larga caminata fue el epicentro del segundo día. Con la ayuda de los del hostal que me depositaron en el mercado de pez, empecé mi recorrido con cierto temor de ser despojado de mi cámara fotográfica –cosa ahora curiosa porque en medio del viaje la perdería gracias al agua de mar. Sin tomar fotos del mercado, lo recorrí viendo como las redes eran tendidas en una explanada natural, y como se vendían de un lado decenas de variedades de peces, y del otro especias y otros artículos de cocina.

Más adelante, persiguiendo la línea de costa, llegué al puerto por el que al siguiente día tomaría el bote a Zanzíbar. Aquí realmente Dar es Salaam pierde su nombre (significa “remanso de paz”), convirtiéndose en un hervidero de gente y vehículos y taxis y autobuses y más gente, sentada o parada, caminando o corriendo o hablando, y retransmitiendo su energía hacia los adentros de la ciudad, en el que continúa el mismo hervidero de gente y vehículos y taxis y autobuses…

La arquitectura es una mezcla de estilos en el que, por ejemplo, un neo-clásico simplificado acepta detalles decorativos arabescos. Con cierto recuerdo de San Pedro de Macorís (RD), por la escala de los edificios, me diluí entre los árabes, hindúes, bengalitas o pakistaníes (u otros de la zona) que se han instalado históricamente como comerciantes. Me perdí hasta con mapa y sin idea de la dirección del sol o las sombras (estaba nublado) y hasta sentí cierto temor de no encontrar un taxi en caso de emergencia.

Después de más caminar encontré una calle que sí aparecía en el mapa y la seguí a la derecha hasta encontrar a la distancia el hotel Kempinski. Allí fui y me senté un rato a descansar los pies y los zapatos, y desde donde aprecié la bahía que me alojaba.

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julio 10, 2010

Y así lo quiso el destino: seis días y medio en Tanzania

En un abrir y cerrar de ojos, tratando de dejar atrás las contrariedades de Kigali, me programé para ir a Tanzania. Con un puñadito de contactos que me dieron unos amigos (más bien conocidos) tomé un vuelo hacia la costa, hacia esa idea maravillosa de agua de mar que reverberaba en mi cabeza, como cuando desde mi balcón siendo niño veía el Caribe en el horizonte. Ya en el aire todo indicaba que sería un bonito tiempo: el paisaje era hermoso y las nubes me hicieron soñar en historias fantásticas, como si debajo de cada nube vivieran familias que no pudieran salir de esas sombras y que tratarían de no dejarlas desaparecer con sus acciones pro-medioambientales.

Al acercarnos a la costa vi como el agua de los ríos se transformaba en metal con la luz del sol, y al final era como si Dar es Salaam me sonriera con dientes brillantes.

Ese primer día fui a un centro comercial a la orilla del mar y allí caminé por el estrecho muelle, tomé sopa y comí calamares fritos. Quedé prendado por la luz que caía sobre el paisaje, luz con dejo amarillento como unos ojos conocidos, luz cautivadora de vidas, como si fuera un corazón encendido caminando por el cielo. ¿Acaso podía empezar mejor de ahí? Lo mejor estaría por venir…

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