agosto 24, 2011

Mejorando el hábitat del desierto con tierra –usar el instinto

Alrededor mío en los pasados seis meses no ha habido más que arena y tierra. Tierra y arena. Y grava (fina y gruesa). Estar en el Sahara argelino, cerca del pueblo de Tindouf, es encontrarse en un trozo de tierra con mucha gente pobre con casas pequeñas, todas de tierra, piedras y zinc o chatarras metálicas. Gente que puede habitar mejor pero que no sabe cómo.

Nunca antes de empezar ese trabajo había estudiado la construcción con tierra; es más, antes pensaba que la única solución para todo problema de edificación sería armarla más, injertarle x números de aceros –imagínese la docencia con profesores que no salen del moderno y ocasionalmente llegan al post, de la máquina de habitar a la de hacer dinero.

Sin embargo, en mis primeras semanas en mis labores aprendí, o hice que aprendía, que para construir con tierra se debe seguir el instinto, percibiendo las condiciones de la tierra, sus pesos y texturas, cómo se mezcla con otros materiales, y para concluir, seguir un proceso de prueba y error en las situaciones en que no tenga ideas claras.
Mi experiencia con la prueba y error eran pocas, y no se adaptaban a la construcción con tierra ni a un proyecto de tan corto tiempo. Obvio, estaba acostumbrado a las recetas de hormigón.

No obstante, justo antes de salir en estas vacaciones de agosto, terminamos un pequeño bloque de sala-cocina cubierto por una bóveda nubiana –la más grande en los territorios saharauis!

La construcción se hizo con albañiles locales, para quienes fue apenas su segunda experiencia en esta técnica –la primera fue la formación previa. La bóveda, valga la modestia, ha quedado espectacular. Algunos podrán decir que no, pero los pequeños errores constructivos como los cometidos son despreciables, entre ellos, por ejemplo, mantener completamente igual la curva de cada uno de los 150 arcos. El que quiera criticar que lo haga haciendo, ¿no?

Después de una buena selección de beneficiario al inicio del proyecto, la construcción tuvo sus vaivenes según los altibajos entre los albañiles mismos, que vivían entre dimes y diretes en su propia lengua. En esos momentos cuando no entendía nada, cuando hablaban y parecía que discutían y supuestamente no era así, hice lo mismo: seguí mi instinto. Las diferencias se resolvieron poco a poco, y en momentos hubo que tomar decisiones que parecían riesgosas –como mantener a un albañil sólo por su gran capacidad técnica aun siendo agitador de grupo sin causa.

Esos momentos, por ahora, quedan atrás hasta mi regreso a los campamentos saharauis. Por ahora me queda en la boca el buen sabor a tierra, a arena y grava. Y a cal. Y la alegre concienca de qu mucha gente ha venido a visitar, a preguntar, a decir que quiere copiar la bóveda. Gente que puede habitar mejor y finalmente puede ver y se anima a preguntar cómo, siguiendo también su instinto.

junio 27, 2011

Un día para re-empezar


Tengo mucho, mucho, intentando volver aquí. Con el tiempo las ideas se me pasan volando, se han ido; tantas han ido yendo, para aquí y para allí, que no se si las volveré a encontrar. El tiempo, sin embargo, sólo ha pasado. No se ha llevado mi interés por escribir, por CasiArquitectura, por ver las cosas que voy viendo y pensando y desear transportarlas de un medio a otro.

En este mundo nada hay tan cruel como la desolación de no desear nada” (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Murakami).

Por eso, aunque no tenga las ideas muy claras, regreso aquí para ver si en el camino las ordeno, y me salen, vamos a decir, dos manitas de posts interesantes, sin tener que llegar al más árido desierto de las palabras.

Lo del desierto lo digo (casi como una broma sin sazón) porque en este período de “transición” he cambiado, de paso, de trabajo, y he llegado literalmente al desierto. De coordinar un voluminoso proyecto en las verdes colinas del sur de Rwanda, ahora coordino uno más pequeño en Sahara argelino. La transición también incluyó un cambio desde el sistema de las Naciones Unidas a una ONG, de las condiciones sociales y de las otras emocionales, del tener siempre internet a no tenerlo, y así sigue la lista.

En fin, como dije, ahora estoy en el desierto y desde las cercanías con la ciudad de Tindouf trabajo en los campamentos de refugiados saharauis. Con gente que tiene tres decenios que salieron del Western Sahara y que viven en condiciones de “emergency” desde aquel entonces. Este contexto, por eso, abre paso a un manjar sobre el desarrollo y la ayuda humanitaria (cosas que comentaré en lo adelante).

Mi trabajo ronda en la mejora del hábitat y del shelter, sustentando técnicas de construcción en tierra y la facilitación para la instalación de tiendas de tela. He aprendido mucho de la construcción en tierra (trabajamos en colaboración con CRAterre), y estos días estoy agitado por la construcción de una bóveda hecha en tierra que marcha a paso de tortuga por la llegada del verano y la escasez de agua.

Por lo visto voy bien. La bóveda avanza, las otras construcciones también, y este try-out ha salido bien. Desde ya estoy contando y seguiré contando cosas, cosillas y cosas gráficas desde esta nueva perspectiva:::

marzo 11, 2011

Should we really buy our home?


by Philippe Garraud
source: Le Monde

For decades, governments have encouraged home ownership. Government see this as a stabilizing factor. The ordinary tenant is in effect deemed unstable, irresponsible, and voting left. The homeowner is, on the other hand, a supporter of order and voting right. Although not completely false, this vision is excessive.

The general perception also encourages home ownership. Most people say it's a waste of money to give it to the owner (old, bitter grandpas’ from ancient times). On the contrary, to enrich the banks do not seem to bother anybody. Everyone is welcome as well to see their property "get value". Really? Your apartment, has it expanded? capital gains are theoretical, to feel it must be sold. OK, but where to live then? In most cases people sell to buy, so the gain is useless.

Indeed, in a sale-purchase transaction, you must pay legal fees, makes it a 10% tax (if I understand) of the value, which goes up like smoke. Everyone can make his accounts, but that's about a year of income, everyone is permitted to hesitate before making such a transaction.

Besides these facts, some job-search sites promote job mobility. Mobility due to a job opportunity is often necessary to accept. However a change in city brings many problems: spouse employment, school of children, the move itself, etc. Why add the cost related to the sale of the previous residence to the whole struggle? For a tenant it will be much simpler: Goodbye Mr. Owner, I'm leaving in three months.

The removal of legal fees would make the sale-purchase less expensive, and thus removing an obstacle to mobility. To balance the national accounts, this tax could be replaced by a tax on financial transactions. 10% tax financial transactions… it would change many attitudes.

To encourage low-income people to borrow heavily to buy a home is unsafe, we saw the United States. In the current race the smallest purchases are heavily penalized: the price of a home is the price that only well-off buyers can afford. This is unfortunate, but it is dangerous to ignore the fact. The struggle is unequal. It will lead to long, heavy debt loads –a lifetime of deprivation. In the event of dismissal there comes the drama: people sell, and even worse, often in such a bad situation, modest homes will suffer from sales.

I am not sure of being right. Let each one do the accounts.

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febrero 25, 2011

Una visita a la Escuela de Arquitectura de la UASD cinco años después


Un veintitanto de febrero de 2006 recibí mi diploma de graduado de la UASD. Fueron 5 años de estudios (y chercha) que sirvieron de cimientos al profesional que hoy soy. Con todos sus altibajos recuerdo la escuela como un centro entusiasta dentro de la universidad. A pesar de las divisiones políticas y rencillas personales que siempre han existido, el tercer piso de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura estaba lleno de colores, murales, paneles expositivos, estudiantes con maquetas o proyectos en mano. Daba la sensación de escuela.

Hoy, cinco años después, visité la escuela y la impresión fue mas bien desoladora. Con aulas que parecen un campo de guerra concluida, con paredes sucias y paneles divisorios en completa decadencia, mas bien parece un sanatorio de locos del que nadie se preocupa. Casi como Goma, en Congo, pero dentro de un edificio.

Curiosamente en los pasillos encontré algunos profesores, buenos y no tan politiqueros, y a una maestra (hago la división a criterio personal), y al verlos tuve esperanza de un futuro mejor porque sus palabras me dieron a entender que no puede haber peor de lo que ha habido en los últimos años en la dirección; que definitivamente habrá un cambio en las elecciones de la semana próxima.

/Y qué pasaría si no lo hubiera? Sería entrar al infierno después de que se consuma el fuego/

Me quedé con sus palabras, las palabras de esos académicos activos, y las recordaré hasta mi próxima visita, esperando ver que la mediocridad ha cedido un poco a la decencia y a la docencia verdadera. Yo todavía sueño con experiencias enriquecedoras para con los futuros estudiantes –néctar de curiosidad e imaginación. Que despierten y no se estanquen en el misticismo del vago. Que la planta física refleje el ejercicio neuronal. Aparte lo de las dañinas rencillas, el clientelismo, la discriminación, y el acoso.

No será fácil, pero en cinco años se puede hacer algo.

-o-

Una anécdota:

Cuando viví en Venecia me di gusto recorriendo semana tras semana las callejuelas entre canales, buscando lo que no se me había perdido, pero grabando lo más posible de esa bella ciudad. Un día llegó un grupo de estudiantes dominicanos, en su mayoría de arquitectura, acompañados por dos profesores, uno de ellos el actual director de la escuela. Nos encontramos en la Plaza San Marcos, justo frente a la columna del león alado y al Palacio Ducal. De primeras escucho que el guía del grupo les envía a comprar en la plaza, olvidando mencionar algo del lugar donde estábamos. Saco aparte a los dos profesores y les digo que deben aprovechar y visitar el Palacio (Ia basílica estaba cerrada por algun motivo), que será de lo mejor que verán en su “expedición italiana”, y que para colmo es súper barato y que yo les puedo servir de guía porque lo había visitado ya 3 veces. El “señor director” dijo que no, que él no iba a hacer eso, y se esfumó entre gentío y palomas... qué cachaza, co%o.

diciembre 13, 2010

Green School in Bali

“We are building Green School to create a new paradigm for learning. We want children to cultivate physical sensibilities that will enable them to adapt and be capable in the world. We want children to develop spiritual awareness and emotional intuition, and to encourage them to be in awe of life’s possibilities.” John and Cynthia Hardy, founders.

According to Ronald Stones, director of the school, the unique architectural features of the school are both an asset and a liability for schoolteachers.

“With an open classroom so close to nature, there are distractions. A dragonfly flies to a desk and a student’s attention will avert to it,” he said. “To teach in that environment is a challenge, but I see levels of creativity I’ve never seen before in traditional international education. You can’t sit there and not be inspired.” Ronald Stones, director of the school.


Info from www.greenschool.org, and the Jakarta Globe